Sentí una empatía tan triste y deprimente. El reflejo tan claro que encontré en sus ojos provocó que los míos se pusieran acuosos. Los pensamientos tan frágiles como los mismos sentimientos me inundaron por horas, coincidir en ese mundo pequeño lleno de temores e inseguridades me deja una amarga experiencia. Y saber que el huir es lo más común que tenemos, me remonta a lo mismo, huir de él o seguir mientras ambos nos buscamos a nosotros mismos.
Esa curiosidad por dar un paso más e investigar el “qué puede suceder”. Esas ganas de seguir la corriente y rebasar el límite del no y el sí. Esa necedad de no oír el exterior y hacer caso al antojo. Esa cosquilla en el estómago que te alegra o te vuelve ajena. Esa sonrisa sencilla, esa mirada inexpresiva y a la vez tan clara. Ese lenguaje corporal, ese movimiento leve en el labio, ese hundimiento en la mejilla… Ese interés en todo y a la vez en nada. Esa suposición en el pensamiento y esta realidad que sola habla.
Es tiempo de comenzar otra vez pero, ahora no sé si quiero hacerlo sola (como siempre) o acompañada (como nunca) . Sin pensarlo digo que estoy a la orden de la vida.









